Plantación en vivero

El árbol nacido en vivero está acostumbrado a una humedad, temperatura y calidad de la tierra muy bien reguladas; así mismo está protegido de los rayos del sol en sus primeros meses de vida por las cubiertas o sombreadores del propio vivero. Al transplantarlo en la naturaleza -en un medio hostil-, particularmente en zonas áridas y semi áridas, sufre un fuerte estrés de aclimatación (muchos de los retoños mueren en su primer año de trasplante).

Lo ideal es subsolar previamente la tierra con un tractor para permitir el desarrollo del sistema radicular de la plántula y mejorar la infiltración del agua en tierras compactadas por la sequía.

Sobre los surcos subsolados, se harán pequeños hoyos o alcorques de 40 x 40 x 40 cms. sobre los que se transplantará el arbolito. Se agregará tierra hasta el inicio del cuello del árbol y se pisará la tierra alrededor de este para que quede bien sujeto y para que no queden capas de aire entre la tierra. Posteriormente a la plantación que deberá hacerse a mediados-finales de Otoño preferiblemente, se regará cada plántula con unos 8 a 10 litros de agua. El ideal “si se puede”, es volver a regar a finales de Junio con otros 10 a 12 litros de agua y a finales de Julio con unos 12 a 15 litros de agua por árbol. Los pequeños árboles que sobrepasen el primer verano, tendrán muchas posibilidades de sobrevivir.

Si hacemos varios surcos con el tractor, cada fila o surco será plantada a diferentes distancias; por ejemplo, la primera fila se plantará a 5m entre árbol (unos 6 pasos), la segunda fila a 6m (unos 7 pasos) la tercera a unos 7m (8 o 9 pasos), la cuarta otra vez a unos 5m entre árbol. Cinco-seis-siete-cinco-seis-siete, etc… De esta forma, los árboles no quedarán alineados; imitaremos un poco a la naturaleza plantando de forma discontinua o “asimétrica”.

Procura elegir árboles autóctonos de la zona ya que resisten más y no son invasivos.

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